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¿podría ser este el futuro cercano?

Philip Morris International (PMI) ha hecho públicas sus intenciones de retirar sus productos de tabaco combustibles del mercado de Nueva Zelanda este mismo año. ¿Deberíamos ver esta iniciativa como el principio del fin de los productos de tabaco combustible, o como otra estratagema de la industria para socavar el desarrollo de políticas de salud pública?

Nueva Zelanda se ha consolidado como líder en el control del tabaco en las últimas décadas, y ha estado a la vanguardia de los esfuerzos por disminuir la incidencia del tabaquismo, tanto a nivel nacional como internacional. Dado el considerable número de fumadores en las poblaciones indígenas de Nueva Zelanda, los expertos en salud pública del país han trabajado duro para reducir el consumo de tabaco en estas poblaciones de difícil acceso. Los esfuerzos por controlar el tabaco no son recientes, ya que Nueva Zelanda lleva trabajando en ello desde las negociaciones para la adopción del Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS (FCTC). Recuerdo claramente la posición firme de Nueva Zelanda que le llevó a conseguir que incluyeran la palabra “pueblos” en el tratado para representar la heterogeneidad de las poblaciones dentro de su país y en todo el mundo.

La pregunta es: ¿qué impacto tendrá el anuncio de PMI sobre las tasas de tabaquismo generales en Nueva Zelanda? La respuesta puede depender de a quién se le pregunte.

Analizándolo objetivamente, PMI tiene una cuota de mercado de alrededor del 13 % en el mercado de Nueva Zelanda, mucho más baja que la de British American Tobacco (67 %) o Imperial (21 %). En el caso de los escépticos como yo, es fácil imaginar que si las marcas de PMI no estuvieran disponibles, los fumadores se pasarían a otras marcas y seguirían fumando, lo que provocaría prácticamente ningún efecto neto sobre las tasas de tabaquismo si el negocio continuara como de costumbre.

En mi opinión, este anuncio de PMI no debe tomarse a la ligera o ser ignorado como si se tratara de otro esfuerzo de la industria por desviar la atención de las medidas eficaces de control del tabaco. Esto debería llevarnos a nosotros, como expertos en salud pública y trabajadores de control del tabaco, a evaluar cómo podemos utilizar el anuncio para acelerar el descenso de las tasas de tabaquismo y ayudar a Nueva Zelanda a conseguir sus objetivos de 2025 para el control del tabaco a través de un proceso consultivo en el que participen todas las partes interesadas, especialmente los fumadores y los afectados por el humo pasivo.

Nueva Zelanda podría convertirse en el primer país libre de tabaco combustible basándose en las medidas de control del tabaco que ya ha cumplido y teniendo en cuenta su entorno regulador. Por ejemplo, el país tiene impuestos elevados sobre el tabaco y una baja dependencia de estos impuestos. Ya ha alcanzado una disminución de la prevalencia de tabaquismo y, debido a su ubicación geográfica y los estrictos controles fronterizos, no tiene un gran volumen de comercio ilícito de tabaco. Estos factores también están respaldados por la presencia de un pequeño número de fabricantes locales de cigarrillos y la muy fuerte voluntad política de hacer que los productos de riesgo reducido estén disponibles para su población.

Por lo tanto, creo que Nueva Zelanda debería fortalecer sus políticas para disuadir a los fumadores de que sigan fumando [otras marcas] cuando los productos de tabaco combustible de PMI dejen de estar disponibles. Los fumadores deben recibir apoyo para tomar una decisión informada, y los responsables de políticas y los servicios sanitarios deben abordar sus necesidades y proporcionarles soluciones y métodos para abandonar el hábito completamente o, si esto se les hace difícil, cambiarse a sistemas alternativos para la administración de nicotina de riesgo reducido (ANDS).

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