Una perspectiva sobre el tabaquismo, las enfermedades no transmisibles y la injusticia social - Fundación para un Mundo sin Humo

Una perspectiva sobre el tabaquismo, las enfermedades no transmisibles y la injusticia social

Fumar es un factor de riesgo conductual importante común para las cuatro principales enfermedades no transmisibles (ENT), es decir, enfermedad cardiovascular (ECV), cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas. Aproximadamente el 80 % de los 1100 millones de fumadores del mundo viven en países de ingresos bajos y medios (LMIC); y se estima que las ENT causan más de dos tercios de todas las muertes en los países en desarrollo. Este gradiente socioeconómico en la morbilidad y mortalidad de las ENT se atribuye, en parte, al tabaquismo. A pesar de estas llamativas cifras, la investigación sobre las intervenciones para el abandono del hábito de fumar sigue siendo limitada en los LMIC. Hablamos de estos problemas y la relación entre el hábito de fumar, las ENT y la injusticia social en un libro publicado recientemente, Social Injustice and Public Health.

El libro, al que contribuyeron varios expertos en salud pública, examina las fuentes y consecuencias para la salud de la injusticia social y cómo reducirlas. Subraya, entre otras cosas, cómo las desigualdades en la salud reflejan las de la sociedad. Barry Levy, el editor, proporciona dos definiciones de injusticia social: (1) La violación de los derechos humanos de poblaciones específicas basada en una percepción de inferioridad entre aquellos con más poder o influencia; y (2) políticas o acciones que afectan negativamente a las condiciones en las que la gente puede prosperar. Por el contrario, la justicia social implica equidad y justicia, y está asociada a la reducción de enfermedades evitables y muertes prematuras.

La Resolución 217 del Artículo 25, a la que se hace referencia como la Declaración universal de derechos humanos y que fue aprobada por las Naciones Unidas en 1948, declara que: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar”. Henry A. Freedman y Martha F. Davis exploran la protección de los derechos humanos a través de las leyes nacionales e internacionales en el capítulo 26 del libro. Tanto la justicia social como la salud pública pretenden minimizar las enfermedades evitables y las muertes prematuras a través de la mejora de la equidad sanitaria.

Una salud deficiente puede ser el resultado de factores de riesgo conductuales, como el consumo de alcohol, la inactividad física y una dieta deficiente. Sin embargo, la causa principal de muerte prematura y enfermedad evitable a escala global es el hábito de fumar (Capítulo 20). Michael Marmot y Ruth Bell señalan en el capítulo 2 que las personas de bajo estatus socioeconómico (SES) tienden a fumar a tasas más altas. Además, en el capítulo 15, indicamos que “dado que [el hábito de fumar] es más prevalente entre personas con bajo [SES], esto contribuye sustancialmente al gradiente socioeconómico en la morbilidad y mortalidad de las ENT”. Como indicamos, el hábito de fumar exacerba las desigualdades sociales en la salud, lo que conduce a tasas elevadas de resultados de salud adversos relacionados con el consumo de tabaco en personas de bajo SES, especialmente en relación con las ENT.

La injusticia social no solo afecta a las personas de bajo SES, sino también a las mujeres. Como describe Gina Morato en el Capítulo 4, “Las mujeres continúan yendo a la zaga de los hombres en… salud y supervivencia”. El progreso de la eliminación de la discriminación de género en la salud pública ha sido muy limitado; y esto también está relacionado con el diagnóstico y la gestión de las ENT (Capítulo 15). Fumar aumenta el riesgo de ECV en un 100 % y la Federación Mundial del Corazón también afirma que las mujeres fumadoras tienen un mayor riesgo de infarto que los hombres fumadores. La Comisión de Lancet de mujeres y ECV aboga por realizar intervenciones específicas y nosotros nos hacemos eco de ello, y además creemos que es algo apremiante. Un artículo de revisión que habla de la relación entre fumar, el abandono del hábito de fumar y la desigualdad de género subrayó la necesidad de tener en cuenta el contexto social y cultural del consumo de tabaco de las mujeres. Los autores enfatizan la importancia de “incluir componentes que aborden de forma exhaustiva las influencias relacionadas con el género” y de “promover la igualdad de género y normas, roles y relaciones de género saludables” en las intervenciones para el abandono del hábito de fumar. Las mujeres jóvenes también tienen una mayor incidencia de cáncer de pulmón que los hombres jóvenes, aunque no solo debido al tabaquismo. Además, las tasas de cáncer de pulmón se han reducido a una velocidad más lenta entre mujeres que entre hombres: 23 % frente al 48 %, respectivamente, entre 1990 y 2016.

Los efectos negativos de la injusticia social y de fumar también se reflejan en subpoblaciones vulnerables, incluyendo el colectivo LGBQ+ y las personas indígenas. Los pueblos indígenas padecen una mayor carga de enfermedades relacionadas con el tabaquismo y requieren intervenciones para el abandono del hábito de fumar y la reducción del daño del tabaco más personalizadas. Además de las enfermedades asociadas al tabaco, el VIH/SIDA es un problema de salud importante para muchas personas en estas comunidades, tal como indican Emilia Lombardi y Talia Bettcher (capítulo 7). El VIH/SIDA es desproporcionadamente más prevalente en estas poblaciones que entre las comunidades que no son del colectivo LGBTQ+ o de poblaciones indígenas.

La justicia de salud integral no es solo la atención a las poblaciones vulnerables dentro de un país, sino también a las disparidades entre países. Con un acceso limitado a la detección y el tratamiento tempranos, así como lentas disminuciones en la prevalencia de tabaquismo, los LMIC no están experimentando las mismas reducciones en las muertes asociadas al cáncer que se han observado en regiones más desarrolladas (Capítulo 15). Además, Myron Allukian Jr. y Alice Horowitz destacan un vínculo entre la injusticia social y la salud oral, especialmente en los LMIC y entre los grupos de bajo SES en países con ingresos elevados. También señalan que la mala salud oral, incluyendo el cáncer de boca, está asociada al consumo de tabaco.

Cabe destacar que, aunque estamos de acuerdo con estos autores sobre su evaluación de la asociación entre la mala salud oral y los productos de tabaco, no compartimos sus opiniones de que los productos como los dispositivos de vapeo son una puerta de entrada al hábito de fumar. Varios estudios sugieren que los cigarrillos electrónicos pueden ser una “puerta de salida del hábito de fumar”, en lugar de “al hábito de fumar”. Resultados de un estudio reciente también apuntan a la eficacia superior de los productos de daño reducido como herramientas para el abandono del hábito de fumar, en relación con la terapia sustitutiva de la nicotina (NRT), cuando se acompaña de apoyo conductual.

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) es otra ENT que se produce principalmente por fumar, además de otros elementos causales como factores de riesgo medioambientales y ocupacionales (Capítulo 15). La EPOC es más prevalente entre aquellas personas con un bajo SES, y las muertes relacionadas con la EPOC son más comunes en países de ingresos bajos. Resultados de un estudio sobre fumadores con EPOC sugieren beneficios para la salud al cambiar de cigarrillos combustibles a cigarrillos electrónicos.

En el capítulo 16, Carles Muntaner et al. debaten sobre la injusticia social y la salud mental. La prevalencia del tabaquismo es mayor en personas que padecen trastornos de salud mental que en la población general, y está inversamente correlacionada con el estatus socioeconómico (SES). En EE. UU., el 40 % de todos los cigarrillos fumados por adultos son consumidos por personas con enfermedades mentales.

Larry Brown explora la relación entre una mala nutrición en poblaciones vulnerables, la injusticia social y la pobreza (Capítulo 14). La diversificación agrícola para reducir la dependencia del tabaco es fundamental para los agricultores, las empresas y los legisladores del tabaco. Dicha transformación es importante para contrarrestar la demanda decreciente de hoja de tabaco, aumentar los ingresos y mejorar la nutrición, especialmente en los países de ingresos bajos y medios (LMIC) con economías dependientes del tabaco.

La Fundación trabaja sin descanso para no solo ayudar a los fumadores, sino también a los pequeños agricultores de tabaco, por ejemplo a través de nuestra Iniciativa para la Transformación Agrícola (ITA). Nuestro objetivo es reducir las tasas de morbilidad y mortalidad relacionadas con el tabaquismo y ayudar a los LMIC que dependen económicamente del tabaco. Nuestro trabajo refleja muchos puntos valiosos planteados por Nancy Krieger en el Capítulo 16, especialmente la necesidad de investigaciones integrales y colaborativas que combinen patrocinadores públicos y privados para financiar una investigación multidisciplinaria para mejorar los resultados sanitarios y reducir la desigualdad y la injusticia social.

La parte IV del libro “An Agenda for Action” describe muchas iniciativas que son comparables a las respaldadas por la Fundación, como la formación de los trabajadores sanitarios y la investigación de “nuevas perspectivas e innovadoras soluciones a los problemas de salud”. En general, los esfuerzos de la Fundación abordan muchos de los problemas destacados en este libro y tienen como objetivo encontrar e implementar soluciones innovadoras.

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